Nº 19 / Orientaciones para un uso comercial de la siesta (Estudios de Pérez)

Viñeta Andy Capp para blog

“Las respuestas recibidas al formulario distribuido permitieron detectar en los domingos, como por otra parte ya se sospechaba cuando se puso en marcha el estudio, unas necesidades diferentes de las existentes el resto de la semana.

En realidad, este hecho ya se podía deducir de la abundancia de productos tradicionalmente diseñados para la ocupación de este espacio temporal: fútbol, toros, misas, comidas familiares, partidas de cartas y dominó y, especialmente, la siesta del domingo por la tarde.

Ciertamente que la lista anterior se refiere a una época distinta de la actual, ya que hoy en día la mayor parte de los productos relacionados o casi han desaparecido (toros, misa…) o se han transformado radicalmente (deporte televisado en lugar de desplazamiento físico al estadio, videojuegos en lugar de partidas de cartas…) o son de nuevo cuño (suplementos dominicales de la prensa, redes sociales…).

Pero, precisamente por ello, la persistencia hoy en día del recurso a la siesta dominical (el 87% de los encuestados la practican más de dos veces al mes y un 37% todos los domingos) hace pensar que este producto aporta unas utilidades que ni han desaparecido ni han sido sustituidas por otros productos, y que, por tanto, siguen siendo objetivo potencial para un aprovechamiento comercial.

En este sentido, la encuesta confirma lo previsible, que su éxito se basa en su elemento esencial: el sueño. No obstante, el análisis técnico de las respuestas recibidas sugiere la existencia de una interesante disonancia cognitiva pues, mientras la práctica totalidad de los encuestados declaran como causa de la siesta de domingo por la tarde o bien el sueño derivado de la salida nocturna del sábado por la noche (55%) o bien el sueño provocado por la ingesta alcohólica de la comida familiar (32%), este dato no parece ser coherente con el resultado de las preguntas de contraste incluidas en la encuesta para verificar la fiabilidad de las respuestas, de las que parece deducirse que la causa real de la siesta, no declarada y probablemente inconsciente, es hacer pasar sin enterarse la tarde del domingo o, usando una expresión coloquial muy reveladora, “matar la tarde”.

En la medida en la que no parecen diferencias esenciales entre las tardes de domingo y las del resto de la semana, parece posible aprovechar esa ampliación de mercado mediante el diseño de adaptaciones que permitan trasladar gradualmente la siesta, no solo a otras tardes de la semana, sino también a horarios menos habituales (matinales). Entre estas adaptaciones se podrían encontrar algunas como, por ejemplo, medios de transporte colectivo con efectos narcolépticos, bebidas somnofílicas no alcohólicas o espacios de trabajo “sleep-friendly”.

Sin embargo, no se puede dejar de lado el hecho de que el resto de la semana ya se suele usar un sustituto de la siesta igualmente eficaz para la ocupación del tiempo, como es el trabajo (especialmente en jornada laboral obligatoria), si bien se pueden plantear pocas dudas de que existe un factor de intercambiabilidad trabajo/siesta muy favorable a esta última, dado el obvio carácter gravoso del primero.

Con todo, el proceso propuesto hay que entenderlo condicionado al desarrollo de nuevas capacidades (biológicas o culturales) para la siesta, actualmente muy insuficientes si lo que se plantea es una generalización de su uso con el objetivo a medio plazo de alcanzar un formato horario 24×7, para conseguir con ello “matar la tarde” en un sentido, se podría decir, cosmológico”.

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